Visitas a las mujeres en las cárceles.
El núcleo de esta labor no es el juicio, sino la presencia. Las visitas se hacen bajo un modelo de atención integral que abarca el soporte emocional, espiritual y material. A través de la escucha activa, se les ofrece un espacio seguro para desahogar sus temores, procesar el desarraigo de sus hijos y reconstruir su autoestima.







